Nuestra imagen de la Semana podría haber sido tomada en 2009, con la Puerta del Sol patas arriba y llena de obras. Pero en realidad tiene más de 50 años, ya que se trata de la reforma que el Ayuntamiento llevó a cabo en 1950.
Las diferencias son grandes: en aquella ocasión se trataba de adaptar la plaza, que se convertía más bien en una calle de dos direcciones para absorber el incremento del número de coches en la ciudad, incluso habilitando aparcamientos. El resultado final fue de 7.000 metros cuadrados para el coche y 4.500 para el peatón. Se trataba de una época en la que la ecomovilidad era algo completamente desconocido, y quitar espacio a los peatones para dárselo a los coches se consideraba un avance, al igual que destruir edificios clásicos para construir moles de hormigón en el casco histórico.
Afortunadamente, actualmente la tendencia es la contraria. Las iniciativas que se toman, salvo vergonzosas excepciones, van encaminadas a devolver la calle a las personas y no a las máquinas contaminantes. Y prueba de ello es la semi-peatonalización que esta semana hemos podido estrenar en la Puerta del Sol.
Vía | Hemeroteca de La Vanguardia
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